El coronavirus expone las miserias humanas – PRENSA SANTIAGO
17 abril, 2020

El coronavirus expone las miserias humanas

El coronavirus, que vino a instalarse por un tiempo a nuestro país, sin bien implica sólidas políticas de Estado para enfrentarlo, con fuerte protagonismo de las fuerzas policiales y del personal de la salud, como primera línea de fuego ante el avance de la pandemia, ha dejado al descubierto nobles virtudes de la necesaria solidaridad, tolerancia y empatía y, por otra parte, las peores miserias humanas. Las mismas, que rozan el delito penal, deben ser castigadas severamente por la Justicia, porque si se sostienen disvalores (como el escrache, la difamación, el hostigamiento, la discriminación, el odio y la venganza) vamos estar viviendo en libertad condicional, a merced de la imbecilidad humana, porque hay una delgada línea que separa la tolerancia de la violencia, con todas sus letras.

Se observa en ese marco discriminatorio, también el hostigamiento y persecución a personas consideradas casos sospechosos, que suman a la fecha 422 en la provincia, porque viajaron a zonas con circulación del virus o estuvieron expuestas a personas que estuvieron afectadas, con síntomas o asintomáticas. O sea hay 422 escenarios de escraches posibles, hayan sido sintomáticos o asintomáticos!!.

Por un lado, gran parte de la población del país, hace un importante esfuerzo y se somete a las normativas que, en algunos casos son duras pero, con el objeto de salvar vidas, la de propios y extraños, se acompaña la determinación del Estado para morigerar los efectos del coronavirus.

En este esquema, se observa la amenaza, el escrache, la intolorencia, la discriminación y el hostigamiento (alguno podrá exculparse porque genera en las personas el miedo, pánico, terror, etc) que sufren los profesionales de la salud, de los cuales se han expuesto muchos casos en el país y en Santiago del Estero.

Discriminación de personal de salud

Recientemente, el caso del Edificio Mussetti, donde una persona, que trabaja de secretaria de un médico local, fue amedrentada para abandonar el edificio con una cobarde nota. La empresa responsable, salió al cruce de esa expresión anónima y se solidarizó con la empleada. Estamos esperando ver qué revelan las cámaras de seguridad, de una propiedad moderna y de avanzada en la Capital, sita en Perú al 500, que adoptó medidas de seguridad para todo el edificio ante la pandemia.

Discriminación de casos sospechosos

Se observa en este marco discriminatorio, también de hostigamiento y persecución, a personas consideradas casos sospechosos, que suman a la fecha 422 en la provincia, porque viajaron a zonas con circulación del virus o estuvieron expuestas a personas que estuvieron afectadas, con síntomas o asintomáticas. O sea hay 422 escenarios de escraches posibles, hayan sido sintomáticos o asintomáticos!!.

De uno de esos casos nos vamos a ocupar. Es el de aquellas personas que, con esfuerzo, y con el fruto de su trabajo, viajaron al exterior, quedaron en otro país – porque los sorprendió la cuarentena que adoptaron algunos Estados anticipadamente-, y tras mucho penar, lograron la repatriación con la misma empresa aérea que los transportó.

Lo cierto es que, este grupo de santiagueños que viajó y volvió, a rajatabla cumplió la cuarentena en todos sus término, apareció la novedad de que ahora son objeto de escrache, discriminación y hostigamiento en la vía pública, con todas sus implicancias negativas en lo personal, lo laboral y social.

La frutilla de la torta fue cuando dos jóvenes, del grupo arriba indicado, que fueron a una filial de un supermercado nacional de calle Rivadavia, con toda la previsión correspondiente, de distanciamiento social, fueron violentamente hostigados y amenazados a los gritos por un individuo que armó un escándalo – acusándolos de ser portadores del coronavirus-, ante la atónita mirada de las personas más sorprendidas por lo vergonzoso del accionar del individuo que por la presencia de los jóvenes.

Lo cierto es que intervino personal policial que, amablemente, los invitó a dejar la cola y acercarse al puesto de control. Allí, según reza la exposición policial en la Comisaría 2da, fueron verificadas las identidades y se constataron las Altas Médicas Oficiles. O sea no fueron afectados en su salud o fueron pacientes asintomáticos del coronavirus, habiendo cumplido en exceso con los días de cuarentena desde el 23 de marzo al 12 de abril último (21 días). Los policías los invitaron a volver a la cola, sin mayores dilaciones, señalaron.

Para sorpresa, vino la segunda parte, también bochornosa de violencia moral, cuando, la seguridad privada, por orden de gerencia de la empresa multinacional aludida, y sin más explicación que, escudarse en el derecho de admisión, no los dejaron ingresar al local comercial para adquirir mercaderías para su sustento.

A partir de allí, de resultas de todo lo vivido, se decidió radicar la correspondiente denuncia policial, como así también recurrir al fuero penal y al INADI, en prevención de situaciones que puedan presentarse para si o terceras personas que hayan pasado por el escenario del coronavirus, que los expuso, y sacó miserias humanas las que deben ser reprochadas en el fuero penal respectivo. Así que deberá responder ante la Justicia, por su comportamiento antijuridico, el escrachador y la firma comercial tendrá que también que justificar su determinación.  

Historia

Un poco de relato para observar cómo intervino el Estado en la salvaguarda de la población, aplicando los protocolos establecidos y pensados al efecto. Los santiagueños repatriados a los que aludimos, llegaron a la provincia el 22 de marzo, y se ajustaron lo indicado por las autoridades sanitarias.

Fueron repatriados vía Ezeiza, Tucumán y Santiago del Estero, con todos los protocolos de rigor, desde que llegaron a la frontera de la provincia hasta sus casas, incluso con custodia de personal municipal de Termas de Río Hondo, que acompañó el tránsito por la ciudad de la caravana que traslado a casi una treintena de pasajeros. Siempre con custodia policial, llegaron al Hospital Independencia donde se activaron los protocolos correspondientes. La travesia a destino, comenzó a las 16 y se extendió hasta las 03,00 del día siguiente.

“Los días siguientes empezamos la cuarentena estricta, sin poder salir de nuestros domicilios por ser consideradas personas que transitamos en países de riesgo, por la cual teníamos custodia policial constante para nuestros amigos que vivían en casas de barrio y custodia transitoria los que vivimos en edificios” nos relató un joven, víctima del escrache.

Reveló que “prácticamente todos los días nos llamaban del Ministerio de Salud más precisamente del sector de Epidemiologia para consultarnos como nos sentíamos, si teníamos algún síntoma. Fueron muy correctos y constantes con este proceso ya que hasta reconocíamos las voces de quien nos estaba llamando”.

Azorado lamentó la “serie de mentiras y difamación que circularizó por redes sociales donde, entre miles de cosas, la gente afirmaba que nos veían caminando, en el súper y demás. En mi caso, venía la policía constantemente a verificar si estaba en cuarentena y preguntaban a mis vecinos si me veían salir a lo que respondieron que, desde que llegué, no me vieron salir nunca”.

Como sosteníamos al principio, la pandemia de coronavirus, ha dejado al descubierto nobles virtudes de la necesaria solidaridad y empatía y, por otra parte, ha puesto al descubierto las peores miserias humanas. Las mismas, que rozan el delito penal, deben ser castigadas severamente por la Justicia, porque si se sostienen disvalores (como el escrache, el hostigamiento, la discriminación, el odio, la venganza y la difamación) vamos estar viviendo en libertad condicional, a merced de la imbecilidad humana, porque hay una delgada línea que separa la tolerancia de la violencia.

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