Zamora llama a Reconstruir la Nación: La pedagogía política del federalismo y la madurez democrática.
Por Diego Ramos – Politólogo – En un texto de profunda densidad política publicado en el diario Perfil, el Senador Gerardo Zamora sienta las bases para un debate maduro y urgente: cómo reconstruir la Argentina. Lejos de la retórica coyuntural, su intervención toma nota de una transformación silenciosa: la de una sociedad que también va madurando.
Hemos sido testigos de cómo la caducidad del principio de reelección presidencial en el continente comenzó a permear las escalas locales. Este fenómeno se tradujo velozmente en el territorio profundo y en la vida municipal, donde aquellas dinámicas tradicionales de representación comienzan a toparse frente a nuevas miradas y ejercicios ciudadanos. La sociedad argentina parece estar clausurando su etapa de “adolescencia democrática” para ingresar en un ciclo de mayor exigencia ciudadana, demandando una praxis política a la altura de esta nueva madurez colectiva.
Es por ello que las palabras clave de su análisis —Democracia, Conflicto, Diálogo, Consenso, Soberanía Popular, Desarrollo Nacional, Federalismo, Pertenencia Social, Valor Agregado y Bienes Estratégicos— hablan de un escenario que incluye actores de la sociedad como verdadero Sujeto histórico: un actor colectivo consciente que se niega a ser reducido a la lógica pasiva del mercado o al abandono del Estado. Va más allá de esta dicotomía donde el pueblo queda afuera de toda consideración protagónica.
Evidencia que la democracia real no le teme al conflicto, sino que lo procesa a través del diálogo y el marco federal para transformarlo en consenso productivo, reafirmando el derecho inalienable del pueblo a defender sus bienes estratégicos y a ser el protagonista activo de su propia reconstrucción social y política.
Concibe, junto con las vertientes más lúcidas de la teoría política contemporánea, que la democracia es inherentemente conflicto y disputa de sentido; sin embargo, propone —con la responsabilidad que demanda este tiempo— encauzar ese “proceso conflictual” desde la madurez institucional. Este llamamiento, así como su efectiva receptividad social, solo es posible mediante el despojo de los egoísmos sectoriales y las facciones corporativas, orientando la construcción de consensos estratégicos hacia la centralidad del bien común y la inclusión real de los intereses populares.
Hacia el cierre de su intervención, Zamora enlaza el protagonismo de esta nueva conciencia social con el principio ético-político del «cuidado de la casa común» promovido por el Papa Francisco. Su diagnóstico sobre la resistencia a la Ley de Tierras es contundente: «Ya no es solo la oposición parlamentaria la que discute sobre estas cuestiones; ahora tenemos una sociedad que está atenta. Algo ha comenzado a cambiar, y eso explica que la discusión sobre la Ley de Tierras ya no sea una mera discusión jurídica.»
No se trata simplemente de un ajuste técnico o de un mero reciclaje coyuntural; se trata de una defensa radical del modo en que nos vinculamos con la naturaleza, con la comunidad y con los sectores más vulnerables. Con producción, con respeto institucional, con soberanía y sin agravios, otra Argentina es posible.
