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Por 100 pre Fidel

Cuba se prepara para un mes de movilización sindical e internacional, en el que se busca reafirmar la unidad de los trabajadores y denunciar las políticas que afectan la vida económica y social de la isla.Foto: PCC.

Por: Diego Ramos

13 de agosto de 2026. “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos…” Es en ese umbral exacto donde elegimos, desde una conciencia histórico-colectiva, reactualizar la plenitud de lo humano frente a la indolencia de la barbarie. El legado de Fidel se erige así como el nuevo testamento de una obstinación ética: cada versículo de su praxis es una apuesta por mayor humanidad.

A cien años de su nacimiento asumimos, pues, el desafío: resistir ante el odio adiestrado de quienes, pertrechados tras la trinchera de una falsa moral, demonizan el único acto capaz de devolverle al ser humano la escala de su propia dignidad. La revolución no es una categoría del pasado, sino la praxis viva que desnuda el salvajismo capitalista y restituye, en cada gesto de emancipación, el derecho inalienable a construir una historia con sentido.

Su vida y su legado siguen constituyendo la cartografía de una humanidad justa, desafiando esa matriz dominante que jerarquiza la existencia, saquea los territorios y fragmenta a los pueblos para el despojo. No conmemoramos un mero número en el calendario ni un siglo de distancia: celebramos la vida de pie, la terquedad de la esperanza y la decisión irrenunciable de seguir tejiendo la justicia social en la historia.

Como un verdadero profeta de la liberación, su voz no se apagó en el tiempo; continúa resonando con la fuerza de quien sabe leer los signos de las épocas desde el sufrimiento de los desplazados. Así lo afirman pontífices como Francisco y León XIV, quienes expresan que la humanidad corre el peligro de perder su rostro y que no toda innovación produce progreso: a veces, solo perfecciona la desigualdad.

Siempre se ha tratado del colonialismo, pese a los intentos de ciertos sectores moralmente falsos por desacreditar el concepto. «El colonialismo no solo saqueó nuestras riquezas, sino que también pretendió arrebatarnos la dignidad y la historia», expresaba Fidel; un colonialismo que la encíclica Magnifica Humanitas denuncia al señalar la vigencia de una nueva versión de esa misma matriz capitalista, salvaje y deshumanizante.

Cuba no es una amenaza para ningún pueblo de la Tierra; la verdadera «amenaza» que el relato hegemónico intenta sofocar radica en la terquedad de sus ideas, en la dignidad de una bandera que se niega a claudicar ante el mandato de la soberanía y la autodeterminación.

Sin embargo, sobre ese suelo soberano se despliega hoy la crudeza de una agresión criminal: el recrudecimiento del bloqueo y el ahogamiento sistemático bajo la administración de Donald Trump —que asfixia el acceso a combustibles, alimentos, medicamentos y recursos esenciales para la vida cotidiana— configuran una tentativa abierta de genocidio, una política deliberada de castigo colectivo que busca rendir por hambre y desesperanza lo que no pudieron vencer por la vía de las ideas.

Atentar contra la supervivencia de un pueblo por el delito de sostener su independencia no es solo una flagrante violación del derecho internacional; es una afrenta ética a la condición humana. Por eso, a cien años de Fidel, defender a Cuba es defender la posibilidad misma de un mundo donde la dignidad de las naciones no sea pisoteada por el chantaje imperial.

Recuperar el rostro humano es la revolución que nuestra época más necesita. En el día de tu natalicio, Fidel, tu rostro recoge los del mundo entero que demandan una vida digna por encima de la crueldad imperial. ¡Los pueblos del mundo aclaman por 100 pre: ¡Fidel!

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