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La cumbre del PJ: La activación de una cadena de equivalencias y el rol de Zamora como articulador hegemónico

Tras el triunfo categórico en las elecciones municipales y su alocución en el Senado Nacional, la figura del senador santiagueño Gerardo Zamora no solo sorprendió por su llamado a la unidad nacional, sino que fue reconocido por su capacidad de articulación hegemónica, consolidando la experiencia política de unidad provincial y paz social como un modelo a seguir y un elemento unificador en el escenario nacional.

La reciente reaparición de la cumbre política del Partido Justicialista tras dos años de letargo formal marca un punto de inflexión. Sin embargo, leer este encuentro únicamente como la clásica «interna peronista» es quedar atrapado en una mirada limitada, que no logra interpretar los nuevos cauces de la política argentina. Un cauce que no se impone desde las cúpulas, sino que viene trazado desde abajo por el pulso y las urgencias de la sociedad, un eje central sobre el cual el propio senador Zamora hizo hincapié en el Senado.

La presencia conjunta de referentes bonaerenses de peso como Axel Kicillof y Máximo Kirchner, figuras nacionales como Sergio Massa, armadores parlamentarios como José Mayans, gobernadores provinciales, dirigentes territoriales del interior y el propio Gerardo Zamora sintetiza una mutación profunda: el paso de un partido tradicional a una plataforma de articulación hegemónica.

Para comprender el verdadero alcance de esta foto bajo la teoría de la hegemonía de Ernesto Laclau, debemos observar cómo opera una cadena de equivalencias: frente a un modelo central que deja múltiples demandas insatisfechas —en trabajadores, pymes, profesionales y gobiernos provinciales de diverso signo—, ningún sector puede construir una mayoría de forma aislada. La cadena se activa cuando todos estos actores, reconociendo un límite y un adversario común en las políticas del poder central, deciden enlazar sus reclamos heterogéneos (peronistas, radicales e independientes) bajo una misma estrategia. Así, la mesa del PJ no refleja una unificación doctrinaria tradicional, sino la puesta en marcha de una red de coincidencias operativas para disputar la hegemonía.

Gerardo Zamora, en esa impactante foto de la cumbre PJ se constituye en el “eslabón pivot” que rompe la endogamia: En toda cadena de equivalencias se necesita un elemento que unifique lo heterogéneo. El PJ suele caer en una dinámica centrípeta y endogámica, mirándose el ombligo entre el AMBA y sus propias corrientes internas. La figura de Zamora rompe esa inercia porque no pertenece al PJ ni a la interna K, pero conduce una provincia con indiscutible éxito electoral y gobernabilidad.

¿Por qué sostener que Gerardo Zamora funciona como un eslabón pivot? Porque actúa como la bisagra articuladora de esta nueva etapa. Al ser un radical de origen al frente de un armado transversal, les demuestra a los demás gobernadores que la “mesa nacional” no exige un filtro de pureza ideológica, sino que se plantea como un frente de gobernabilidad amplia. Pero, fundamentalmente, su figura tendría el potencial de proyectar una alternativa creíble y un nuevo cauce propositivo en el cual la ciudadanía pueda canalizar con confianza sus demandas; una oportunidad histórica que, en última instancia, exigirá una alta madurez dirigencial para no ser desaprovechada.

Por hoy, pareciera ser que la experiencia del Frente Cívico por Santiago del Estero ha logrado exportar su matriz al plano nacional. En el propio recinto, la alusión expresa del senador José Mayans hacia el modelo santiagueño no fue un mero halago retórico, sino la definición doctrinaria de una nueva arquitectura opositora. En Santiago del Estero, el Frente Cívico consiguió fusionar de forma permanente los principios del radicalismo —institucionalidad, educación pública, desarrollo local— con las banderas históricas del peronismo: justicia social, soberanía económica e integración territorial.

¿Estamos, entonces, ante la fórmula capaz de reconfigurar la hegemonía política del país, o frente a un enigma estratégico que obligará a la dirigencia a repensar todo lo conocido? El debate queda abierto; el tiempo y la historia darán su veredicto.

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