Trump: de luchar contra el «estado profundo» a «blanquear» un acuerdo con él
Por Ariel Valloud
En un principio, la llegada de Donald Trump a la presidencia, parecía un cambio de dirección para el mundo. Y sí, la palabra «parecía», habla de su agenda oculta, que ahora es diáfana, habida cuenta de los hechos sucedidos.
Las ideas loables iniciales de la campaña de 2016 de Trump, se desfiguraron o desaparecieron en la actualidad.
La lucha contra la inmigración masiva, la lucha contra el globalismo y el respeto por las soberanías nacionales, la lucha contra el narcotráfico, los aranceles recíprocos ante un política internacional depredadora de recursos, era y siguen siendo, proyectos viables en un mundo donde los enemigos de la humanidad han derribado las fronteras y los países son, hoy día, sólo entes administrativos cosificados, por llamarlo de alguna manera.
Es que Trump en su segundo mandato, negoció con la derecha internacional, como siempre, simulando una pelea contra la izquierda «radical», siempre socia de aquella en el fondo. Esta falsa dicotomía política, que no es más que otra cosa que aplicar el viejo principio de «divide et impera» (divide y gobierna), simulando una falsa oposición política y excluyendo a quienes no son parte del trato, acordado entre 4 paredes y en contra de los pueblos.
Trump lo dijo públicamente en sus discursos, «hicimos un acuerdo con la derecha», cuando se encontraba en campaña política en 2024.
Es así que el programa de gobierno de Trump cambió 180º y pasó del respeto a las soberanías nacionales a atropellarlas, secuestrar un presidente en un golpe comando y robarse todo los recursos petroleros y de minerales.
Con la excusa de combatir el narcotráfico, atacó con drones a lanchas, en el Golfo de México y el Mar del Caribe, no presentando ninguna prueba del supuesto narcotráfico hacia EEUU, y asesinando a sus tripulaciones.
También con la excusa del narcotráfico, Trump comenzó a practicar una piratería moderna, a saber: utilizar el ejército de EEUU para confiscar embarcaciones petroleras de gran porte (léase robar, no sólo el petróleo que transportaban, sino también la embarcación misma). Nada se sabe del destino de la tripulación de dichas embarcaciones.
De combatir el narcotráfico, a tenerlo como excusa para invadir países, misma falacia que utilizara la familia Bush, con sus supuestas armas de destrucción masiva para luego asesinar a más de un millón de personas en Iraq y tanto más en Afganistán y otros países. Ni hablar del atentado a las «Torres Gemelas» de las cuales ya nadie cree que hayan sido los autores denunciados como tales, «false-flag attack» le llaman allá.
Trump, de combatir la inmigración masiva, que es utilizada como arma del enemigo de los pueblos, para, precisamente, dividir y confundir, Trump pasó a un ataque directo, liderado por una fuerza policial semi clandestina y encapuchada en las calles, llamada ICE, no tanto para deportar inmigrantes ilegales, sino para detener e incluso a asesinar a civiles inocentes estadounidenses y/o a la oposición política.
Trump, de rechazar la violencia, a promoverla, justificando los asesinatos de su policía callejera.
Trump de promover el fin de las guerras interminables por las que actuó su país, para pasar a un programa bélico de golpes comandos y amenazas continuas a países que no se doblegan a su voluntad financiera. Caso Venezuela, Irán, Yemen, El Líbano, Nigeria, Congo, y muchos otros, y el sangriento y genocida ataque militar a la Franja de Gaza, donde murieron cientos de miles de personas inocentes.
Trump, de promover aranceles legítimos a las importaciones que destruyen las industrias nacionales, principalmente provenientes de China, pero de todo Oriente también, a pasar a utilizar los aranceles como amenaza de guerra económica para aquellos países que no se doblegan a sus designios.
Trump pasó de un discurso de sentido común, a un discurso violento, belicista e incluso burlesco y contradictorio.
Trump, ni hablar del historial con el criminal sexual Epstein, con quien dice no tener nada que ver con él, pero aparece en fiestas en su propia casa con el delincuente sexual, como si se conocieran toda la vida.
Trump, el que decía llevar a «America Fisrt», pero puso al pueblo norteamericano en último lugar, para darle el primer lugar a las políticas y órdenes de Israel y su primer ministro, quien dijo públicamente que Trump, obedecía todo lo que él le mandaba, todo esto, disfrazado de agradecimientos públicos.
Trump, de promover una marcha hacia el Capitolio reclamando elecciones sin fraude en los EEUU, para pasar a financiar elecciones en países de la región, implantando presidentes títeres a su gobierno (de derecha).
Trump, de detestar a muchos magnates de los EEUU, a realizar un acuerdo con todos ellos, para que les financiara la última campaña política, y además obedecer sus órdenes, atacando la Franja de Gaza, y poniendo a EEUU en una política regional expansionista, atacando a países vecinos, y queriendo robar el territorio de Groenlandia.
La decadencia y el rechazo de Trump es evidente para el día de hoy. Es un político cuya carrera está terminada y como dice el proverbio: «haz pactos con el diablo y terminarás perdiéndolo todo».
Muchos en la Argentina equivocaron su visión política hacia Trump, llamándolo «peronista». Nada más lejos de la realidad. Sólo se trataba de un falso marketing patriótico.
