VIDEO/Se lanzó la Escuela de Verano: «Diálogos Nuevos en Política»
AMPLIADO – 19.01.26 Se presentó con éxito, en Santiago del Estero, como un espacio de posibilidades estratégicas entre los diferentes colectivos . En efecto, el 19 del actual, poco después de las 20,00 hs, en el salón de conferencias del Hotel Centro, de la Capital, se realizó la presentación de esta iniciativa, Diálogos Nuevos en Política, que estuvo a cargo del Dr. Martín Diaz Achaval, el Dr. Gustavo Darchuk, la MG Adriana Medina, siendo moderador, el Lic. Diego Ramos.
A continuación presentamos una síntesis política integral y ordenada de los argumentos desarrollados en la nota y en las exposiciones de Martín Díaz Achaval, Gustavo Darchuk, Adriana Medina y Diego Ramos, con un tono analítico-político, apto para publicación, debate o documento marco del ciclo “Diálogos Nuevos en Política”.
Antes se debe comprender que, Diálogos Nuevos en Política, nace como una apuesta política en tiempos de incertidumbre.
No para negar el conflicto, sino para reconstruir sentidos compartidos.
No para clausurar diferencias, sino para hacerlas dialogar.
No para reemplazar a nadie, sino para sumar voluntades.
Porque creemos que sin diálogo no hay comunidad, y sin comunidad no hay democracia.
Participaron, referentes del Centro de Estudios para el Desarrollo y la Integración (CEDI), Unidad y Federalismo, República Modelo, Universidad Popular «Paulo Freire», Seminario de Formación Teología «Centro Gramsci», MOCASE, Martin Fierro (Corriente Nacional), MOCASE, Juventud PJ, Clubes Deportivos, académicos y espacios universitarios.
El próximo encuentro del 12 de febrero se proyecta como una continuidad de este proceso: pasar del intercambio inicial a la construcción de prácticas políticas concretas, capaces de disputar sentidos, recomponer lazos sociales y fortalecer una democracia participativa en un contexto de profunda incertidumbre global.
Síntesis política de los argumentos planteados
La presentación de la Escuela de Verano “Diálogos Nuevos en Política” se inscribe en un contexto histórico marcado por la crisis del diálogo democrático, la fragmentación social y la erosión de los sentidos compartidos de la política. El eje transversal de los planteos fue la necesidad de reconstruir lo común frente al avance del individualismo, la polarización y la degradación del espacio público.
- El diálogo es un acto político de reconocimiento del otro (Martín Díaz Achaval)
Díaz Achaval propuso preguntar sobre el concepto de diálogo, más allá del uso netamente instrumental o declamativo. Señaló que el diálogo no es sólo conversación ni una forma de imposición encubierta, sino que es un acto político de reconocimiento del otro, que exige escucha, respeto y aceptación de la alteridad.
En una sociedad atravesada por el individualismo extremo, el diálogo aparece como un gesto contracultural y «casi de rebeldía: implica aceptar que la verdad no es una sola (ni es la mía)”, y que la comunidad se construye en la convivencia con las diferencias: “allí donde el otro es descalificado antes de hablar —tildado de ignorante, enemigo o lo que sea— el diálogo muere y se transforma en una suma de monólogos».
«En criollo, el problema no es que no nos sentamos a charlar. El fondo es que ni siquiera nos reconocemos como habitantes en la misma tierra, y eso hace que nunca lleguemos a un acuerdo que valga para todos: se ha degradado el valor del otro como sujeto. La consecuencia es una pobreza democrática donde prevalece la voz del que grita más fuerte, del que tiene más poder económico, mediático o simbólico» indicó.
Díaz Achaval subrayó que la construcción en común exige salir de ese encierro de la identidad, de cada uno dentro de su propio discurso, escuchar incluso a quienes no comparten nuestras ideas y comprender —sin la necesidad de justificar— los malestares, miedos y experiencias que pueden explicar discursos que nos resultan difíciles de comprender o compartir. El desafío no es renunciar a las convicciones, sino elegir los espacios y los modos del conflicto, evitando trasladar la lógica de la confrontación permanente a todos los ámbitos de la vida social y política.
- Democracia, tecnología y tribalización del conflicto (Gustavo Darchuk)
Darchuk introdujo que la transformación del conflicto político está bajo el dominio de las plataformas digitales y la economía de la atención. El problema central ya no es la existencia de contradicciones —propias de toda democracia— sino la incapacidad de procesarlas colectivamente.
La sociedad contemporánea ya no puede pensarse como una “sociedad de la información”, sino como una sociedad de la desinformación en. El riesgo mayor no es la mentira en sí, sino la naturalización de la mentira, que conduce a la indiferencia frente a lo verdadero y a la elección subjetiva de “la falsedad que más me representa”.
Los algoritmos no solo fragmentan la información, sino que producen burbujas simbólicas y comportamientos tribales, donde la identidad del grupo se impone sobre la búsqueda de la verdad. En este esquema, el conflicto político deja de organizarse en torno a proyectos colectivos y se convierte en una guerra emocional entre tribus cerradas, reforzada por fake news, cancelaciones y lógicas punitivas.
Este escenario debilita la democracia porque desaparece el mínimo consenso sobre la realidad compartida, condición básica para cualquier deliberación. Las derechas radicales han sabido capitalizar este sistema, convirtiendo el enojo, el miedo y la frustración en representación política.
Frente a ello, propuso como salida estratégica una educación popular renovada, que incorpore la alfabetización digital crítica. No se trata solo de enseñar a usar tecnología, sino de comprender cómo funcionan los algoritmos, qué intereses los gobiernan y cómo moldean subjetividades, emociones y conflictos.
3. Los Estados deben repensar sus formas de gobernar y fortalecer sus instituciones (Mg Adriana Medina)
Por su parte, la historiadora Adriana Medina aportó una mirada histórica y estructural sobre las democracias latinoamericanas, destacando que, a lo largo del siglo XX, la región atravesó ciclos de gobiernos autoritarios y democráticos, hasta que a partir de la década de 1980 la democracia comenzó a consolidarse como norma. Sin embargo, remarcó que esa consolidación no estuvo exenta de tensiones, especialmente en materia de estabilidad institucional, gobernanza y capacidad de respuesta del Estado.
Medina señaló que la democracia, en tanto régimen fundado en la participación ciudadana, enfrenta hoy una fuerte exigencia social: dar respuestas concretas a demandas históricas como la pobreza y la desigualdad, pero también a nuevos desafíos propios del siglo XXI, como la paridad de género y la inclusión. En ese marco, sostuvo que los Estados deben repensar sus formas de gobernar y fortalecer sus instituciones, íntimamente vinculadas a la garantía de los derechos humanos.
Uno de los ejes centrales de su exposición fue el análisis del rol de las mujeres en la vida pública y política. Medina recordó que históricamente las mujeres fueron relegadas a espacios de subordinación e invisibilidad, con un acceso limitado a la toma de decisiones. Recién en el siglo XX, gracias a los movimientos feministas y a la lucha sostenida por la igualdad de derechos, se logró ampliar la participación femenina en los ámbitos políticos, sociales y económicos. No obstante, advirtió que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real de oportunidades.
En relación con el escenario político actual, Medina analizó el ascenso de las nuevas derechas en América Latina, diferenciándolas de experiencias autoritarias previas por su acceso al poder a través de vías democráticas. Señaló que estos liderazgos suelen construir adversarios claros —como la “casta” o la clase política tradicional— y apelar a discursos que canalizan frustraciones sociales en contextos de crisis económica y social, retomando lógicas discursivas ya presentes en etapas anteriores de la historia política argentina.
Finalmente, la historiadora remarcó la necesidad de fortalecer la participación activa de la ciudadanía en la esfera pública, especialmente de las nuevas generaciones nacidas en democracia. En ese sentido, destacó el rol central de la educación democrática como herramienta para promover valores como la tolerancia, el pluralismo, la diversidad y el compromiso ciudadano, fundamentales para enfrentar el principal desafío de las sociedades latinoamericanas: la persistente desigualdad.
4. Democracia, participación y reconstrucción del “nosotros” (Diego Ramos)
Diego Ramos, el politólogo y presidente del partido nacional, República Modelo, articuló los aportes anteriores con una reflexión sobre la crisis del proyecto civilizatorio moderno y sus promesas incumplidas: igualdad, derechos universales, progreso y participación. En un mundo atravesado por guerras, amenazas y pérdida de seguridades, la democracia aparece tensionada entre una forma delegativa, cada vez más pasiva, y la necesidad de una democracia participativa, capaz de recrear el protagonismo ciudadano.
Ramos planteó interrogantes centrales:
¿Estamos retrocediendo en participación política?
¿Nos estamos refugiando en guetos ideológicos y trincheras identitarias?
¿Se ha vaciado el espacio público como ámbito natural de la política?
En este marco, destacó la importancia de pensar ciudadanías en plural, reconociendo nuevas formas de participación, identidades emergentes y el rol central de las mujeres en la redefinición del escenario político. También advirtió sobre el riesgo de una “ficción democrática”, donde existen instituciones formales pero se debilita la participación real.
El desafío planteado es reconstruir un nosotros colectivo más amplio, capaz de articular territorios, experiencias, saberes populares y espacios académicos, sin negar los conflictos, pero procesándolos desde el diálogo, la escucha y la empatía. Para ello, propuso avanzar metodológicamente hacia una hoja de ruta común, que permita pasar del diagnóstico a la acción colectiva.
5. Horizonte común del ciclo “Diálogos Nuevos en Política”
En conjunto, los expositores coincidieron en que la política enfrenta hoy un doble desafío:
Rehumanizar el vínculo social, recuperando la otredad, la escucha y la comunidad.
Repolitizar la democracia, frente a la fragmentación algorítmica, la tribalización y el vaciamiento del sentido público.
“Diálogos Nuevos en Política” se plantea así como un espacio estratégico de reconstrucción, no para negar el conflicto, sino para dotarlo de sentido colectivo, superar mezquindades sectoriales y elaborar una agenda común que articule razón y emoción, territorio y tecnología, identidad y comunidad.
