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VIDEO/“Más allá del Nunca Más”: memoria, poder y la disputa actual por la democracia -1ra Parte

01.04.26 En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, crisis del orden internacional y reconfiguración de los discursos de poder, el debate sobre el “Nunca Más” reaparece con una densidad política renovada: ya no como consigna cerrada del pasado, sino como categoría activa en disputa. Las intervenciones reunidas en el ciclo “Diálogos Abiertos” convergen en una idea central: la democracia y los derechos humanos han dejado de ser consensos estables para convertirse nuevamente en territorios de conflicto político, cultural y económico. Se realizó el viernes 27 de marzo, en el Salón Auditorio de Las Torres, el ciclo “Diálogos Abiertos” bajo la consigna “Pensar el Nunca Más. Memoria sitiada; Los DDHH  frente a la actual fragilidad democrática y el quiebre del orden jurídico”, organizado por el Centro de Estudios para la Integración y el Desarrollo (CEDI) y la Asociación Civil “Coyuyas”. Oportunidad en la que fueron expositores, Luis Garay (Asociación Civil por la Memoria, la Verdad y la Justicia), el Dr. Martin Diaz Achaval (CEDI), el politólogo Diego Ramos y las referentes de la Asociación Civil Las Coyuyas; Sofia Mansilla y Juana Villegas.

Desde una lectura histórica estructural, se plantea que la última dictadura argentina no fue un episodio aislado, sino el resultado de un proceso de degradación social y construcción progresiva de violencia. En ese marco, se rechaza la noción de “guerra” para describir el terrorismo de Estado, definiéndolo en cambio como un plan sistemático de disciplinamiento social, orientado a imponer un modelo económico y desarticular la capacidad crítica de la sociedad.

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Esa herencia —se advierte— no se limita a normas o instituciones, sino que persiste en dimensiones más profundas: el miedo al conflicto, la autocensura y la dificultad para pensar transformaciones estructurales. De allí que el “Nunca Más” no pueda ser entendido como una meta alcanzada, sino como un punto de partida que exige revisión permanente.

En paralelo, el análisis se proyecta al escenario internacional, donde se identifica un deterioro del sistema jurídico global y una mutación en las formas de poder. La emergencia de liderazgos disruptivos y discursos que apelan a lo emocional o religioso para legitimar prácticas autoritarias marcan un desplazamiento: la disputa ya no es solo territorial o económica, sino también simbólica.

En ese nuevo escenario, el riesgo no radica únicamente en el retorno de formas clásicas de autoritarismo, sino en su reformulación: modalidades que operan a través de los medios, las tecnologías y la construcción de subjetividades, configurando lo que algunos describen como un “nuevo fascismo” sin necesidad de ruptura institucional explícita.

A nivel interno, emerge una tensión que interpela al sistema político argentino: una sociedad que reivindica el “Nunca Más” convive con decisiones que pueden erosionar esos mismos valores. Esta contradicción revela déficits en la construcción de conciencia democrática y en la disputa cultural por el sentido de la política.

Asimismo, se señala que la democracia argentina, si bien consolidó avances en derechos humanos, mantiene continuidades estructurales —especialmente en el plano económico y financiero— que limitan su profundidad transformadora. La persistencia de actores de poder no plenamente juzgados o regulados aparece como uno de los condicionantes centrales.

Frente a este diagnóstico, las distintas voces coinciden en que la respuesta no puede ser exclusivamente institucional. La reconstrucción democrática exige una revitalización del tejido social, una ciudadanía activa y una disputa del sentido común en todos los planos, especialmente entre las nuevas generaciones.

En esta línea, se reivindica la indignación como motor político y la organización colectiva como condición para la transformación. El movimiento feminista aparece como ejemplo paradigmático de esa capacidad de articulación, al incorporar nuevas dimensiones al debate —como la violencia sexual durante el terrorismo de Estado— y vincular la memoria con las luchas actuales.

Desde esta perspectiva, la memoria deja de ser un ejercicio conmemorativo para convertirse en una práctica orientada al futuro: una herramienta para interpelar las desigualdades presentes y proyectar una democracia más inclusiva.

El eje final es contundente: el retroceso democrático no depende únicamente de decisiones del poder, sino también de la pasividad social. Allí radica el desafío contemporáneo: sostener una “dosis de rebeldía” que permita cuestionar, participar y construir comunidad.

Porque, en definitiva, “Más allá del Nunca Más” no remite solo a la memoria de lo ocurrido, sino a la necesidad urgente de definir —en un mundo incierto— qué democracia se quiere construir y quiénes están dispuestos a sostenerla.

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