OPINIÓN: ASÍ NO SE PUEDE SEGUIR MUCHO TIEMPO
Colaboración; Edmundo Fuster, Analista, Consultor y Columnista de Opinión
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Un gobierno puede soportar críticas, errores económicos e incluso malas decisiones.Lo que resulta mucho más difícil es sobrevivir al desgaste que produce la contradicción entre el discurso y los hechos.
Cuando una gestión construye su identidad alrededor de la superioridad moral, cualquier sospecha – aunque no termine en condena – produce un daño político enorme.
Porque llega un momento en que la sociedad deja de discutir expedientes y empieza a discutir confianza.

Si fue Aristóteles quien dijo que la duda es el motor del conocimiento o si fue el jardinero, hagamos abstracción por un instante y vayamos a las efectividades conducentes de las que hablaba don Hipólito Yrigoyen.
Tomando como base lo antedicho, tenemos derecho a preguntarnos si la permanencia del Jefe de Gabinete en el centro de esta escena política no se ha transformado en un verdadero collar de sandías para el gobierno.
En una prueba de laboratorio, aséptica y racional, podría sostenerse que aun comprobándose muchas de las cosas que hoy se denuncian, no alcanzaría ni para atarle los cordones de los zapatos a varios funcionarios que supimos tener en otras épocas. Comparativamente, no hay con qué darle.
Pero el problema es que la política no funciona en un laboratorio. Funciona en el patio de tu casa, en la mesa familiar, en el trabajo y en la calle.
Y ahí la aguja se mueve.
Porque más allá de lo judicial, este gobierno construyó buena parte de su identidad sobre una supuesta superioridad moral. Puso la vara tan alta que terminó quedando preso de su propio discurso.
El desgaste no nace solamente de las denuncias. Nace también de las formas. Del destrato permanente hacia periodistas, de la agresión constante, de la descalificación como método y de una lógica donde el oficialismo parece representar todas las virtudes y la oposición todos los defectos.
Y ni tanto ni tan poco.
El problema de levantar demasiado una bandera moral es que después cualquier sospecha pesa el doble. Aunque todo termine demostrando que no hubo delito, políticamente el daño ya está hecho.
Porque cuando la sociedad pierde confianza, las explicaciones empiezan a sonar insuficientes.
Si tu cónyuge te encuentra en la cama con otra persona, difícilmente alcance con decir: “No es lo que parece, yo te voy a explicar”.
Muchos sostienen que, con crecimiento económico, salarios recuperándose y baja sostenida de la inflación, todo esto pasaría sin dejar demasiadas huellas. Puede ser. Pero también es cierto que la paciencia social no es infinita.
Porque mientras la política discute denuncias y operaciones, la vida cotidiana sigue siendo muy complicada para millones de personas.
Hay familias cuyos ingresos ya no alcanzan. Comercios que bajan persianas. Hospitales universitarios que advierten sobre falta de fondos. Jubilados que sienten que quedaron afuera de todo. Y un mercado laboral donde conseguir trabajo empieza a parecerse más a una lotería que a una posibilidad concreta.
Es evidente que este país necesitaba ordenar sus cuentas. También es evidente que la inflación debía bajar y que durante años se hicieron demasiadas cosas mal.
Pero tampoco se puede construir estabilidad condenando a media sociedad a vivir al límite.
El gobierno apuesta a que la economía se acomode antes de que el desgaste político y social se vuelva inmanejable. Puede suceder. Pero mientras tanto, cada semana aparece un conflicto nuevo, una denuncia nueva o una polémica nueva que vuelve a encender la discusión pública.
Y ahí aparece otro problema: el gobierno decidió atar su suerte política a determinados funcionarios y defenderlos hasta el final. Tal vez porque actúan como pararrayos y concentran sobre sí mismos toda la atención.
La hipótesis no parece descabellada.
Mientras todas las miradas apuntan hacia un solo lugar, muchas otras cosas pasan desapercibidas.
Pero aun si esa estrategia funcionara, sigue existiendo una pregunta de fondo: cuánto tiempo puede sostenerse una sociedad tensionada, cansada y cada vez más desconfiada.
Porque los números podrán acomodarse.
La confianza, bastante menos.
Así no se puede seguir mucho tiempo.
