OPINIÓN: “CON EL FÚTBOL, NO”
Colaboración: Edmundo Fuster, Analista, Consultor y Columnista de Opinión
Hay algo más fuerte que la inflación, los escándalos o las peleas políticas: el agotamiento social.
Cuando hasta las buenas noticias duran cinco minutos antes de ser tapadas por otra polémica, algo se rompe.
Y entonces aparece un pedido simple, casi infantil, pero profundamente humano: déjennos, aunque sea disfrutar el fútbol.

Desde hace poco más de sesenta días, el Gobierno parece tener un problema extraño: hasta las buenas noticias duran cada vez menos.
Y algunas buenas noticias sí hemos tenido.
La baja de la inflación, algunos indicadores económicos mejores a los esperados, señales positivas en ciertos sectores y hasta fallos o acuerdos que el oficialismo considera importantes deberían, al menos, haber mejorado un poco el humor social.
Pero nada alcanza.
Cada noticia positiva parece ser absorbida por una gigantesca aspiradora política y mediática que la devuelve vacía, sin efecto, sin entusiasmo y sin capacidad de cambiarle el ánimo a nadie.
Porque siempre aparece algo más.
Un nuevo viaje, otro gasto difícil de explicar, una declaración desafortunada, una sospecha, una polémica o una nueva revelación sobre el estilo de vida de funcionarios que llegaron prometiendo austeridad extrema y superioridad moral.
Y ahí está quizás el verdadero problema.
No es solamente una cuestión económica ni judicial.
Es visual.
Porque una cosa es hablar de sobreprecios, contratos o porcentajes imposibles de imaginar. Eso la mayoría no lo ve, no lo puede tocar, no logra dimensionarlo.
Pero entre una pileta de lona y una revestida en mármol con cascada, la diferencia se ve.
Entre la cocina angosta de un departamento común y una isla gigantesca digna de una mansión, también.
Y el efecto social de esa imagen es devastador.
Sobre todo cuando durante meses se repitieron frases como:
- “No hay plata.”
- “El que gasta más de lo que tiene se tiene que ir.”
- “La política no puede vivir como una casta privilegiada.”
- “La plata que gasta el Estado sale del bolsillo de la gente.”
Entonces el contraste se vuelve inevitable.
Y cuando el contraste aparece, también aparece algo todavía más poderoso: el cansancio.
Porque la sociedad no solamente está agotada económicamente.
También está agotada emocionalmente.
Cansada de los escándalos permanentes. Cansada de la pelea constante. Cansada de las operaciones. Cansada de los defensores fanáticos. Cansada de los que justifican todo.
Y quizás por eso este tema golpeó tan fuerte.
Porque no cayó sobre una sociedad tranquila, sino sobre una sociedad saturada.
Además, hay algo inevitablemente humano en ver caer del pedestal a quien hace apenas unos meses hablaba desde una posición de superioridad absoluta.
Hoy, verlo cabizbajo, leyendo respuestas preparadas y evitando improvisar, genera un contraste demasiado fuerte con aquel funcionario desafiante que terminaba las conferencias de prensa con un seco “FIN”.
La política argentina tiene una enorme capacidad para destruir incluso sus propios logros.
Y ahí aparece mi humilde pedido.
Dentro de pocas semanas comienza el Mundial.
Millones de argentinos van a volver a sentarse frente a un televisor con la esperanza de olvidarse, aunque sea por noventa minutos, de la inflación, de las peleas políticas, de las redes sociales y de la angustia cotidiana.
Queremos gritar un gol. Queremos abrazarnos. Queremos volver a sentir, aunque sea un rato, que todavía hay algo que nos une.
Por eso solamente pido una cosa.
Si van a seguir apareciendo «cositas», “viajecitos”, “autitos” o nuevos escándalos, por favor hagan una pausa durante el Mundial.
No nos arruinen también eso.
Con todo lo demás ya alcanza.
Por favor…
Con el fútbol, no.
